"Overture Collage". Primer Track del EP "Proyecto Contracultura".
Nacho De Vito: Guitarra eléctrica, teclado, efectos y edición.
Lucas Segura: Guitarra acústica.
Cordero Suelto
jueves, 3 de agosto de 2017
domingo, 2 de julio de 2017
La chica del tren
Hay escenas que son trozos de historias que aparecen desperdigadas en nuestro camino. Muchas
no ameritan reflexión alguna porque carecen de información, en otras sucede lo
contrario pero solemos ignorarlas. Así nos han educado.
Viaje en el tren. Tarea rutinaria. La escena me encuentra en un vagón y la protagonista es una chica que acaba de subir. Ambos estábamos en el espacio cuadrangular ubicado en los
accesos de las puertas, ese que descomprime al sofocante y angosto
pasillo. El sitio no estaba abarrotado pero éramos varias las personas de pie, la mayoría a lo largo del
pasillo a la espera de un lugar, y una minoría en aquel cuadrante, más interesados por el espacio propio que por abalanzarse sobre un asiento. La chica tenía harapos de clase media, piel clara y ojos
húmedos. Era joven pero su mirada cansada la avejentaba. Tras haberse asentado en frente de mí, apoyó
su mochila en el piso, comenzó una búsqueda y sacó un cigarrillo. El humo
empezó a invadirme, y si bien me molestaba, me compadecía de la aparente fragilidad. Yo no tenía deseos de perturbarla, pero la situación duró poco.
Una señora que pisaba los 60 años la irrumpió:
_“Acá no podés fumar, apagá el cigarrillo nena” Dijo firme. Sus ojos estaban resguardados tras unos grandes anteojos oscuros.
Su tono irritó a la chica, e intentó reusarse con la primera excusa que se le vino a la cabeza
_”En el tren fuma un motón de gente… señora”
Fue un error, a la mujer se le sumaron aliados que irrumpieron como fieras. La chica temblorosa y apaleada por el autoritarismo, cedió. Liquidó su orgullo dirigiéndose nuevamente a la señora:
_”Me lo hubiera pedido bien, yo no tengo problema en apagarlo, pero las cosas se pueden pedir de otra manera”
Se agachó y aplastó con delicadeza la punta de su cigarrillo contra el suelo, lo suficiente como para que éste se apague y pueda volver a usarse. Se irguió y su mirada húmeda y de agotamiento se posó en mi cara. Yo de re ojo, también me concentré en la suya. Pero ella no me miraba a mi, su mirada me atravesaba y su foco era el infinito.
Tendría la misma edad que yo, quizás uno o dos años más. ¿22, 23? ¿La conocía? No, nunca la había visto, pero mi empatía era volcánica.
En su rostro vi el espejo de una emoción que en ocasiones transité. ¿Nadie más en ese vagón salvo nosotros dos la había experimentado? Seguramente sí, pero tal vez en la mayoría de las personas, la capacidad de sentir se agota en la frontera de su propia piel y solo se extiende hacia la de sus más cercanos reciprocas.
Luego
de unos instantes, la chica desvió su mirada de mi, girando levemente su cabeza hacia la ventana. Sus cejas se fruncieron. Por unos segundos la que expresión de su rostro quedó congelada. ¿Que pensó?. Su motricidad se reanudó con una falsa y grotesca tos. Totalmente actuada y sin taparse la boca, como si se tratara de una
pequeña venganza, en un intento para volver a perturbar el viaje. Se inclinó para agarrar su mochila que yacía en la guarda de sus pies y la aferró contra su pecho. Con paso firme se decidió a cambiar
de vagón, casi empujando a las personas del pasillo. Se la perdió de vista
entre la gente, pero al cabo de unos instantes se la hoyó gritar desde el otro
extremo del vagón._“Acá no podés fumar, apagá el cigarrillo nena” Dijo firme. Sus ojos estaban resguardados tras unos grandes anteojos oscuros.
Su tono irritó a la chica, e intentó reusarse con la primera excusa que se le vino a la cabeza
_”En el tren fuma un motón de gente… señora”
Fue un error, a la mujer se le sumaron aliados que irrumpieron como fieras. La chica temblorosa y apaleada por el autoritarismo, cedió. Liquidó su orgullo dirigiéndose nuevamente a la señora:
_”Me lo hubiera pedido bien, yo no tengo problema en apagarlo, pero las cosas se pueden pedir de otra manera”
Se agachó y aplastó con delicadeza la punta de su cigarrillo contra el suelo, lo suficiente como para que éste se apague y pueda volver a usarse. Se irguió y su mirada húmeda y de agotamiento se posó en mi cara. Yo de re ojo, también me concentré en la suya. Pero ella no me miraba a mi, su mirada me atravesaba y su foco era el infinito.
Tendría la misma edad que yo, quizás uno o dos años más. ¿22, 23? ¿La conocía? No, nunca la había visto, pero mi empatía era volcánica.
En su rostro vi el espejo de una emoción que en ocasiones transité. ¿Nadie más en ese vagón salvo nosotros dos la había experimentado? Seguramente sí, pero tal vez en la mayoría de las personas, la capacidad de sentir se agota en la frontera de su propia piel y solo se extiende hacia la de sus más cercanos reciprocas.
_“¡No me digás nena! ¡Forra!”
La señora con la que había discutido, concluyo en un comentario para sus cercanos compañeros, que posaron su mirada en ella, esperando un veredicto. Con indiferencia expresó su reflexión total: _“Está loca”
domingo, 4 de junio de 2017
Anti-Relato
El ocaso se había extinguido en el contorno de los
edificios, sin dejar otra claridad más que las podridas luces de la prostitución
industrial. -“Yo no soy otra polilla”- pensó, mordiéndose el labio. No se pudo
convencer a sí mismo. Su miseria era proporcional a su grado de afán: deseaba un aliento que liberara al muerto que reinaba
su piel.
Buscaba una salida. Buscaba anestesia. Migajas que calmaran sus ansias en la metrópoli de las máscaras. Se encontró regateando amor. Espina clavada, hechicera hermana del corazón. Por ese último anzuelo se sumergió en la claustrofóbica ciudad…
A la deriva y rebotando entre cuerpos indiferentes, transitó de un abril al otro, y luego a un mayo, y luego a un junio. Resignó esencia por auxilio.Ya poco quedaba de lo que alguna vez fue cuando colisionó con un alma. Milagro y misterio. Luz de una rendija que alumbró su mutilación.
Paz. Empatía. Complicidad. Las horas lo reconstruían. La realidad lo había dejado sin fe, pero el acuario de aquel ser despertó su paladar. En idioma alma, él le retribuyó, y en idioma castellano, ella, una temporada antes de partir, le recriminó: -“¡Déjate en paz! ¡Ni un dios, ni un diablo, ni hombres de traje te dicen que hacer! Abre ventanas nocturnas y que el fresco se funda con tu identidad. Hoy encontré en tu mejilla colores y risas que me hacen feliz.-”
Buscaba una salida. Buscaba anestesia. Migajas que calmaran sus ansias en la metrópoli de las máscaras. Se encontró regateando amor. Espina clavada, hechicera hermana del corazón. Por ese último anzuelo se sumergió en la claustrofóbica ciudad…
A la deriva y rebotando entre cuerpos indiferentes, transitó de un abril al otro, y luego a un mayo, y luego a un junio. Resignó esencia por auxilio.Ya poco quedaba de lo que alguna vez fue cuando colisionó con un alma. Milagro y misterio. Luz de una rendija que alumbró su mutilación.
Paz. Empatía. Complicidad. Las horas lo reconstruían. La realidad lo había dejado sin fe, pero el acuario de aquel ser despertó su paladar. En idioma alma, él le retribuyó, y en idioma castellano, ella, una temporada antes de partir, le recriminó: -“¡Déjate en paz! ¡Ni un dios, ni un diablo, ni hombres de traje te dicen que hacer! Abre ventanas nocturnas y que el fresco se funda con tu identidad. Hoy encontré en tu mejilla colores y risas que me hacen feliz.-”
martes, 30 de mayo de 2017
El Árbol de la Vida
Estrella fugaz y su estela
vieja herida que se renueva
y raíces que se expanden
y te aferran a la tierra
Renaciendo en un tiempo sur
vieja herida que se renueva
y raíces que se expanden
y te aferran a la tierra
Renaciendo en un tiempo sur
no hay proverbios para tu cruz:
¡te guiarás por los senderos donde huelas virtud!
El viento que sopla fuerte
muchas veces me empujó
Pero supo derribarme
cuando ya no oí más tu voz…
¡te guiarás por los senderos donde huelas virtud!
El viento que sopla fuerte
muchas veces me empujó
Pero supo derribarme
cuando ya no oí más tu voz…
Es crecer el verte partir,
y mi paz tenerte y sonreír
mientras tanto buscaremos lo neutro y nada más
Fui rehén de un sueño de sed
al chocar con tu voluntad
tu figura deslizada en la sorda soledad.
Oí tronar tus esperanzas
en el puro atardecer
dibujando manantiales
en tu cuerpo de mujer...
Llovizna de hielo en tu sien
cien motivos para correr
bajo el manto de las horas que migran a la luz
Tan vigente como el ayer
es incierto lo que vendrá
Son los dados que tiraste y muy pronto tirarás
El viento que sopla fuerte
muchas veces me empujó
Pero supo derribarme
cuando ya no oí más tu voz...
en tu cuerpo de mujer...
Llovizna de hielo en tu sien
cien motivos para correr
bajo el manto de las horas que migran a la luz
Tan vigente como el ayer
es incierto lo que vendrá
Son los dados que tiraste y muy pronto tirarás
El viento que sopla fuerte
muchas veces me empujó
Pero supo derribarme
cuando ya no oí más tu voz...
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